¿No decían que la revolución empieza en casa?

Cada dos meses me agarra lo que yo llamo “crisis de cansancio”. Me da por llorar de sueño, no quiero hablar, tengo cara de culo, todo me molesta. Generalmente son uno o días que me replanteo si está bien lo que estoy haciendo, que me enojo conmigo por no poder ser distinta, por no poder cambiar algunas cosas de mi que no me gustan. Y casi siempre están relacionadas con ser madre porque una crisis de cansancio ¿con que más puede tener que ver?

Hacerle la cena de hoy y el almuerzo de mañana porque sino come patys todos los días y eso una no lo puede permitir, limpiarle la cola cada vez que va al baño, sonarle los mocos 400 veces por dia sin que entienda lo que significa “sonar”, hacerle vapor 3 veces por día cuando está resfriado, mandar las cosas que todos los días piden en el jardín, cortarle las uñas y el pelo con la lucha que eso implica, jugar una y otra vez a las mismas cosas, mirar una y otra vez la misma película de Pixar, decir una y otra vez las mismas cosas para fijar las rutinas domésticas, humanizarlo, socializarlo y odiarte infinitamente al escucharte, sentirte tu vieja, sentirte grande, hincha pelotas, y consolarte diciendo que lo hacés por su bien, el consuelo más idiota del mundo.

Parece que me quiero hacer la altruista, que horror. A veces las madres hacemos eso, pensamos en todo lo que hacemos por nuestros hijos y nos sentimos re grosas, devotas, generosas. Yo no quiero eso, no me gusta cuando mi vieja me dice “¿sabés todo el esfuerzo que yo hice por vos?”. Y sin embargo ahí está, todo ese trabajo invisible que, cuando no está en la práctica, está en la cabeza. Leí un artículo que dice que hoy, en el año 2012, las madres cuidan a los hijos el 60% del tiempo mientras que los padres sólo el 20%. Y sabemos que las madres no trabajamos menos horas que los hombres, pero así es.

Pienso que falta un montón para que no sienta culpa cuando me voy a laburar, cuando no puedo ir a una reunión del jardín o cuando no puedo llevarlo a un cumpleaños. También falta para que dejemos de decir “mi novio/marido me ayuda” en vez de “hacemos las cosas entre los dos”. Falta también para que muchas mujeres no dejen de trabajar porque “entre lo que gano y lo que me cobra la niñera no hay diferencia”. Pero sobretodo falta mucho para que cuando llueva, los hombres sean los que se acuerden de sacar la ropa de la soga.

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2 pensamientos en “¿No decían que la revolución empieza en casa?

  1. yo me conformo con que un dia compre paniales motu proprio. vaya a la farmacia/super solito, y traiga paniales del tamanio correcto, solo porque vio que quedaban pocos.

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