Cinco años atrás

Coco no fue un bebé buscado. No sé si es la mejor manera de empezar el relato de su llegada al mundo pero es parte de su historia. Hacía 3 ó 4 meses que nos conocíamos con su papá y sin embargo, cuando nos enteramos del embarazo nos pusimos contentos. La relación no funcionó desde un principio pero formamos un gran equipo mamá-papá y las dos familias nos ayudaron mucho.  Durante el embarazo vomité casi hasta el final, más precisamente hasta que mi obstetra me dijo “dejá de negar al chico” y la culpa me inundó. Me hizo pensar en qué clase de mamá iba a ser y esa fue la primera decisión que tomé incluso antes de que Coco llegara a mi mundo: iba a ser una mamá que siempre dijera la verdad. Imagen 292

En las últimas fotos que tengo con la panza estoy rodeada de humo por la quema de pastizales en el Delta de Paraná que llegó hasta Buenos Aires. El álbum de fotos se llama 18 de abril de 2008 y ahí estoy yo, con mis 26 años a cuestas, una carrera a medio terminar, una pareja que no funcionaba y un trabajo que odiaba. No era el idilio para esperar a un hijo, era más bien todo lo contrario.

Tenía fecha para el 27 de abril pero la colestasis avanzaba. Me picaban cada vez más las manos, los pies y el paladar y los niveles hepáticos en los análisis de sangre daban cada vez más altos. No compré ropa, ni tejí, ni preparé la habitación. Comí hielo compulsivamente, vomité y me rasqué, me rasqué mucho. Le había pedido a mi obstetra que por favor no me hiciera cesárea, que le tenía terror a una cirugía y decidió inducir el parto con goteo el miércoles 23 de abril. Toda la familia y mis amigos estuvieron ahí, yo no quería estar sola ni tranquila ni nada. Quería que estuvieran todos y así fue. El parto fue rápido y a las 19.27 hs. nació Simón, en 3 pujos, todo filmado. Se ve que yo me sentía bien porque en el video se escucha que le pregunto a mi obstetra si me puedo bajar de la camilla y me dice “¿adónde querés ir?” mientras en la imagen se ve que todavía ni me había sacado la placenta.

Cuando me llevaron a la habitación y me lo pusieron en el pecho, el bebé respiró mal. Hizo un ronquido horrible y se lo llevaron enseguida a neonatología. Al ratito me avisaron que había sufrido una hipertensión pulmonar sin un motivo específico, sólo por el trauma del nacimiento, por el pasaje del mundo acuático al mundo aéreo. Aunque me derrumbó emocionalmente me pareció bastante poético.

Esa misma noche podía ir a verlo pero al levantarme para ir al baño me desmayé. Me golpeé la cabeza y me obligaron a quedarme acostada. Me dejaron ir a verlo al otro día solo si iba en silla de ruedas. ¿Este es el idilio de la maternidad? ¿Dónde está la parte rosada, edulcorada, merengosa? Nada que ver a lo que esperaba. Coco pesó 3.600 kg, era enorme a comparación de los bebés prematuros de neo. Fue una larga semana en la que iba a verlo cada 3 horas, me quedaba mirándolo y tocándole la manito por el agujero de la incubadora. Mi obstetra inventaba diagnósticos para que me dejaran internada porque “que te den el alta sin el bebé es un golpe muy fuerte para una puérpera”. Me tomé toda la medicación que me dieron para mis supuestas complicaciones y actué malestares. Pero no, no pudimos irnos juntos.

Con las otras mamás de neo compartíamos mates y empanadas en la sala de espera. Había una gitana que siempre me traía estampitas de santos y vírgenes desconocidas y una mamá adolescente que tejía interminables mantas para su hija seismesina. Todas en camisón y pantuflas, con el pelo enmarañado y los ojos rojos de llorar. Así transitábamos el “idilio de la flamante maternidad”. Una semana le alcanzó a Coquito para adaptarse al mundo exterior. Una semana larga, larguísima para mí, aunque no tan larga teniendo en cuenta el inabarcable y temible mundo que le esperaba afuera. Una semana que no fue ni suficiente para impedirme amamantarlo.

El miércoles 30 de abril nos dieron el alta; hacía frío pero el sol nos pegaba de lleno en la cara. Estábamos tan felices que al otro día salimos a pasear y los días siguientes también. Ya casi ni me acuerdo lo que es sufrir por un hijo “enfermo” porque prácticamente no se enfermó más. Faltan pocos días para que cumpla 5 años y es lo único redondo que le va a quedar: el número 5.  El resto de su redondez no sé cuándo se fue pero es evidente que ya no está. No sé cuándo dejó de ser un bebé para ser este nene de 20 kilos que casi no puedo levantar. Sólo sé que la sensación de hijo creciendo, de zapatillas que aprietan los dedos y pantalones que quedarán para el hermanito es de las más lindas del mundo. Y eso que van cinco nomás.

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20 pensamientos en “Cinco años atrás

  1. Angulita! tenia muchas ganas de comentarte este post, pero desde el celular no podia, no se porque. Me parecio muy loco, cuantas coincidencias (y me siento una boluda por hacer este comentario… me imagino a la tana ferro tratandome de pelotuda mientras escribo, pero voy igual…) Nunu tenia fecha de parto para el 27 de abril… la colestasis hizo que nos induzcan antes, y mi panico a la cesarea hizo que torture psicologicamente a cuanto medico me visitaba en las dos semanas de internacion. Para finalizar: Nunu fue una sorpresa inespereadisima, que desato noches de angustia y llanto, y convencida de que era machito se iba a llamar Simon. FIN 😉 Besote

  2. Hoy estamos todas muy sensibles, parece y estoy al borde de la lágrima de nuevo. Qué genio el obstetra, qué genio Coco, qué genia vos, cómo contás todo. No sabía lo de la neo. Te mando un besote Agus!

  3. Mi amor a Coco….yo tambien quiero ser una mama que diga la verdad. Esta bien decir que todo no es perfecto!

  4. como olvidar cada minuto de ese embarazo… mas alla de todas las complicaciones siempre supe que ibas a ser una excelente mama y 5 años mas adelante esta a la vista lo maraviolla madre que sos… besos

  5. Que hermoso tu relato! Estoy con la piel de gallina. Debe ser hermoso ver cómo van creciendo, como se van haciendo “hombrecitos y mujercitas” de nuestra mano.
    Un beso grandote

  6. Te sigo, me encanto este post, yo todavia no tengo en claro que tipo de mama quiero ser y me da un poco de cosita…un mama q diga la verdad es un buen comienzo!
    Beso!

  7. Qué lindo! (que lo cuentes, no como lo viviste) pero me sentí tan identificada, ya te dije que a Félix le decimos coquito, él también estuvo internado, 3 días horrendos, lo más horrendo fue que a las 6 horas del alta estaba internado de nuevo y volver a mi casa a la noche sin mi hijo fue una de las cosas más fea que me pasó. Me da mucha fuerza ver como lo viviste y lo vivis. 🙂 Gracias por compartirlo, me encanta leerte!

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