Hormonas here, there and everywhere

Catarsis puerperal por @Lejandrus

Isabella Liliana nació el 5 de marzo del 2013 por cesárea en una clínica en Colón, Buenos Aires. Con Verónica estábamos muy felices, salió todo bien. Isabella se prendió a la teta desde el principio y tomó hasta un poquito de mamadera esa madrugada por que seguía con hambre. El nombre lo elegí yo producto de un acuerdo con Verónica en la primera semana de novios. Si llegáramos a tener un hijo y nacía mujer, el nombre lo elegiría yo, si era varón, lo elegís vos –le propuse. Isabella por Isabel Victorero, directora del ballet FlamencoRuptura que confió en mí y me llevo (ya de grande) a pisar las tablas del Teatro Municipal Coliseo Podestá como bailarín del ballet en Bodas de Sangre. Me sentí muy agradecido ya que hacía poco me había recuperado de un asalto en La Plata, 2 años atrás, donde me habían fracturado el fémur izquierdo de un balazo. Todavía puedo escuchar el aplauso final del público esa noche. Liliana por Liliana Hegoburu mi psicóloga durante 6 años que se animó a conducir la difícil tarea de lograr en mí la metamorfosis al revés, convertirme de bicho a persona y al niño herido en hombre. Una tarde (y durante todo un largo año) me salvó la vida.

Nuestra niña llegó a este mundo con un fuerte mandato paterno de felicidad, dignidad, bondad y amor. Y guay si no lo cumple. Lloré mucho, una sola vez, cuando estuve solo. Lloré una mezcla de felicidad por la llegada de mi hija y de tristeza por una prima que se fue jovencita de este mundo. El segundo día de internación Vero me mandó a terminar de poner los pisos de cerámica en el comedor de casa que estábamos ampliando, para que cuando el bebé llegara el lugar estuviera habitable y sin polvillo. Estuve pegando cerámicas durante 48 hs., dormí solo 8 hs.

Y al fin llegaron a casa. Al día siguiente Vero me dice que Isa tiene 38 de fiebre, que la va a llevar a la pediatra. La vi muy arropada a la nena, hacía calor, “no es nada” me dije y seguí trabajando. Al volver me contó que había que internar a la nena en la neo en la cuidad de Junín para buscar el foco infeccioso. Cuando me recuperé del susto, y pude pensar más claramente dije “no no, no no”. Tuve que argumentar con criterio, que no iba a entregar a mi tesoro recién nacido a los médicos en una neo así tan fácil ni por tan poco: “la nena está bien”. Pero el episodio febril existió y -según el protocolo- hay que internarla y estudiarla, quizás hacer una punción lumbar para quedarnos tranquilos, nos dijo la pediatra. Paren un poco… “la nena está sana, está sana! Necesita a su mamá y a la teta, en ningún lado va a estar mejor que en su casa con su madre”, dije yo. Me impuse, me jugué el poncho y la peluca. La vio otro médico que, sin ser especialista, pensó en forma lógica y decidimos no precipitarnos. Controlamos la temperatura cada 2 hs. y pasaron las 24 hs. sin nada de fiebre hasta en día de hoy. Gol.

Pasado este episodio me relajé, y me deje llevar por la felicidad. Pero con el transcurrir de los días fui conociendo el lado puérpero de Vero. De tanto observarlas me fui dando cuenta de que estaba pintado, y me daba un poco de celos saber que yo nunca iba a poder comunicarme con Isa como se comunica Vero. Como esposo y padre cumplía con todo lo que podía pero sentí que estaba de relleno. Entonces me dediqué a terminar los cimientos de la futura habitación de Isabella. En esos días se inundó La Plata, y necesité ir a colaborar con los inundados. Me fui por 2 días pensando que a través del cosmos Isabella entendería que era necesario ir a ayudar. Antes pedí permiso a mi hija del corazón, la hija de Vero, Giuliana porque era su cumple número 17 (y está embarazada de 7 meses de otra chancleta: Francesca) Me dio el ok. Por supuesto que a la vuelta de La Plata comenzaron las peleas con mi mujer. En una oportunidad discutiendo, saltó Giuliana a defender a la madre. Ay mamita querida… esta casa tiene los ingredientes de una molotov: Un cabrón, una puérpera, una embarazada adolescente y una pizca de suegra que se mete un poco. Empecé a verlas fuera de foco, menos a Isa obvio. La angustia volvió a acariciar mi pecho. Suspendí la construcción, lo que me provocó un gran malestar. Una noche incluso, dormí en el obrador con los perros. Me dediqué a arreglar la coupé Torino que no me grita y de ofendido nomás volví a La Plata a trabajar otra vez. Siguieron las peleas, pases de factura y demás. Sé que a ella se le hace todo muy bravo entre su carácter, las hormonas, la realidad y sus miedos, y yo también estoy frito con todo esto. Pero las quiero.

Hoy nuestros días en familia son bastante más amables, la gordita es una santa y estamos chochos. La cuidamos y la estimulamos mucho. Música para calmar a la fiera del papá y a ella que le gusta escuchar. Muchos besos y muchas palabras. Con Vero estamos un poco mejor. Me animo a decir que el puerperio es como el inconsciente, el amor o la pasión… es ingobernable.

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5 pensamientos en “Hormonas here, there and everywhere

  1. Que historia fuerte!! Lloro y pienso en la difícil metamorfosis tuya y de ella… Y cómo el amor siempre es un buen remedio. Hiciste muy bien en no dejarla en Neo. Los abrazo a los tres!!

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