El árbol genealógico más difícil del mundo

En Modern Familiy por “La Maga Lucía”

Cuando era chica mi abuelo materno era un superhéroe que tenía tres trabajos. Si, tres. Trabajaba mañana, tarde y noche y su colchón de plumas era el asiento del viejo bondi 1114. Lo recuerdo escuchando música española y hablando pestes de Francisco Franco. La única vez que dijo que se sentía mal, fue veinte días antes de morir. Un tipo de palabra, que se le dice. Mi abuela materna no hacía demasiado, pero cocinaba un arroz con pollo de locos. Hipocondríaca. Desde que tengo uso de razón que la escucho decir que se va a morir. Ahora pareciera que su amenaza va en serio. Dice que quiere acompañar a mi abuelo en el cielo. arbol genealogico

Como era de prever a mí me criaron, mayormente, mis abuelos ya que mi viejo laburaba muchos meses lejos, vendiendo vinos en el interior de nuestro país. Mi vieja laburaba en Santa Fé y Anchorena, acá nomás, pero trabajaba muchas horas. Doce para ser precisos.

Mi esquema familiar en ese entonces era: Papá y mamá tuvieron una hija, yo, y me cuidaban mis abuelos maternos por la falta de tiempo de mis viejos. Eventualmente estaba bajo el cuidado de un tío, del que ya les contaré su historia. A mi abuelo paterno no llegué a conocerlo, pero sé que le gustaba la bebida, el ajedrez y la natación. Yo soy nadadora, también sé jugar ajedrez y me gusta tomar. ¿Cómo heredar cosas de alguien que no se conoció y que, incluso, murió diez años antes de que uno nazca? En fin.

De mi abuela paterna recuerdo poco, pero si cierro los ojos fuerte me acuerdo de su casa y su cara sonriendo. Sé que tenía un jarrón hermoso en su casa, onda Ming y unos muñecos de Clemente y la Mulatona con los que yo jugaba siempre. Mi papá era viajante, pasaba varios meses fuera de casa y se mandó unas cuantas cagadas, como todos. Pero me acuerdo que me ponía 500 australes en el bolsillo del guardapolvo, para que me comprara un alfajor en el colegio. Ahora está enfermo y peleando por salir adelante.

Mi viejo tuvo tres matrimonios, en todos los cuales tuvo hijos, y se hizo cargo de su descendencia con altibajos bastantes pronunciados. Ahora algunos de esos hijos se lo están cobrando con rencor, otros hijos se sientan a tomar mate en su mesa y comparten unas facturas para “aprovechar que ahora si puedo verlo y hablar con él”.
Mi mamá trabajaba demasiado y eso la hacía feliz, me acuerdo que de chica le tiré un frasco entero de shampoo en la bañadera para hacer espuma y burbujas y me cagó a pedos como pocas veces. Ahora sigue trabajando todo el día, pero con culpa. Creo que de parte de ella no tengo hermanos, digo creo porque si algo aprendí de mi familia es que todos los estados y relaciones familiares son brutalmente provisorios.

¿Les conté como me enteré de mis hermanastros? Creo que no. Bueno, les dije que mi esquema familiar era: papá-mamá-yo, una triada endogámica que me valió años de terapia. En fin, uno de mis hermanos (el del segundo matrimonio de mi viejo), un día tocó el timbre de mi casa para ver a mi (¿nuestro?) viejo. Mis padres nunca habían previsto que eso podía pasar, así que me blanquearon que tenía hermanos mientras el chico que había tocado el timbre subía por el ascensor. En ese instante dejaba de ser hija única, cosas que pasan. En ese encuentro este hermano me contó que tenía otra hermana más, ¡que rápido que crecen las familias!

Unos diez años después, yo ya conocía a mis dos hermanos, se me da por escribir mi apellido en el Facebook. Sí, es lo que pensaron. Ahí me enteré de otras dos hermanas, las del primer matrimonio de mi viejo. ¡La puta! Las familias sí que cambian rápido. Ahora me llevo muy bien con estas dos hermanas y no tengo mucho contacto con los hermanos del segundo matrimonio. Estas dos hermanas son, ambas, lesbianas y están en pareja así que no sólo tengo hermanas sino también cuñadas.

Volviendo a la historia de mi tío materno, aparecía y desaparecía como quería. Además hacía trucos de magia con monedas, hasta que un día desapareció del todo. Y hace poco volvió a aparecer en la esquina de mi casa. Es linyera. Dice que se llama Felipe, pero yo me acuerdo que se llamaba Fernando. A veces le llevó un café con leche caliente y me manguea unas tostadas con manteca y azúcar.

Concluyendo, de chica era hija única. De grande, soy la menor de cinco hermanos. La lógica más elemental se rindió ante nuestra familia. Por suerte uno puede tener su familia propia y hacer lo que le venga en gana. Así que con mi embarazo y mi maternidad yo iba, por fin, a poner mi moral en juego. Pero cuando me quise dar cuenta me estaba separando y me sentí un poco identificada con mi viejo, pensé lo que él había pensado pero con 40 años de delay.

Ahora estoy en pareja con Diego, que también es separado y tiene un hijo. Hace un par de semanas tuve una charla con mi hija, que se llama Cecilia (pero que le digo Chechu):

Yo: “Mientras hago la comida podés entretenerte dibujando a tu familia”.

Chechu: “Está bien. Pero voy a agarrar tres hojas porque con una no me alcanza”.

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3 pensamientos en “El árbol genealógico más difícil del mundo

  1. Qué genia Chechul! yo estuve corta de hermanos – hermanastros pero tuve “mamastras” a granel (mi mamá también incorporó ese término). Lo lindo es que a medida que mis viejos se iban separando de sus parejas mi hermano y yo fuimos sumando figuras paternas y maternas, así hasta el día de hoy. Mis amigas de familias “normales” no lo entienden, pero para mí es lo más natural, ¿cómo voy a dejar de tener trato con la que fue 15 años la mujer de mi papá? ¿y la que estuvo 5 pero lo acompañó cuando estuvo enfermo en Buenos Aires?

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