Como la chica de “Mis dos papás”!

En Modern Familiy por @lulens

Tengo 27 años y mis papás se separaron cuando tenía 5. Decidieron vender la casa que habían comprado y ambos alquilar casas separadas, y al tiempo mi vieja empezó a salir con su profesor de mecánica dental, Horacio. Me acuerdo que con mi hermana siempre fuimos muy amistosas con los “terceros” de manera que le dimos la bienvenida al nuevo novio de mamá y rápidamente comenzamos a llevarnos bien con él. A mi viejo lo veíamos sólo los fines de semana, y –si bien nunca nos metían en los problemas de adultos– cuando le contábamos algo sobre el novio de mamá, el por lo bajo decía “ah, el tonto de Hori”. Recién ahora puedo darme cuenta lo difícil que debe haber sido para él aceptar que sus hijas pasarían de lunes a viernes en Ciudad Evita, con otro hombre en la casa que compartiría más días que los que le tocaban a él. Pero mi viejo siempre fue muy tranquilo, nunca fue generador de conflictos y en general cedía siempre (mi prima, hoy divorciada y en problemas, siempre dice de mi papá que es “el mejor exmarido que alguien podría tener” y creo que tenía algo de razón). Mi papá iba a buscarnos todos los sábados a la mañana desde Ramos Mejía hasta Ciudad Evita en bondi, para traernos a casa los domingos a la noche. mis dos papás

Nos divertíamos y salíamos mucho a pasear con mi viejo, la pasábamos bien. A la vez, forjamos una linda relación con el marido de mi mamá, a quien siempre llamábamos “Hori”, porque mi vieja no quiso confusiones. Cuando él hablaba (siempre orgulloso) de nosotras, se refería como “mis hijas” y nosotras íbamos mechando entre “el novio de mi mamá”, “Hori”, a veces con amiguitos del colegio nos daba un poco de paja contar toda la historia, y si teníamos que contar algo sobre él decíamos “mi papá postizo”, o simplemente “mi papá”, pero siempre sabiendo quién era cada uno, nunca estuvimos confundidas con ese tema. Mi mamá también acuñó el término “papastro”, porque decía que padrastro era una palabra fea y distante, pero nosotras no la usábamos mucho.

Me acuerdo que a mí me copaba un poco cuando contaba que tenía dos padres, porque siempre algún pibito me decía “¡como la chica de Mis dos papás!” y yo me sentía grosísima. Otra cosa que me gustaba mucho y de la que siempre me sentí orgullosa, es de la relación que tuvieron y tienen mis viejos, una especie de amistad-familia en donde se puede hablar y compartir todo, aun teniendo sus diferencias. Cuando por curiosidad le pregunté a mi vieja por qué no siguió casada con mi papá, me dijo que “como pareja no funcionaban, pero está segurísima de que él es la mejor persona que podía haber elegido para tener a sus hijas”.

Mi viejo también se fue a vivir con otra mujer, que tenía un hijo dos años más grande que yo, por lo que los fines de semana que pasábamos los tres solos empezaron a tener más movimiento y nosotras estábamos chochísimas de tener un hermano mayor. Luego de unos seis o siete años se separaron, y después nos enteramos de que ella, la ex mujer, nos quería mucho pero no podía tolerar el hecho de que fuésemos la debilidad de mi viejo, sentía que los fines de semana mi papá programaba todo en base a nosotras y sintió cierto desplazamiento que (hoy me doy cuenta) devino en un cierto trato más distante hacia nosotras.

Por otro lado, mi mamá con su pareja nunca pudieron tener otro hijo, algo que él deseaba mucho y que se fue convirtiendo en una pequeña frustración. Como ya conté, él nos amaba como si fuésemos sus hijas (parece que éramos muy adorables de chiquitas), y con el correr de los años (y algunos problemas menores entre él y mi vieja) en la actualidad nosotras forjamos una relación mucho más estrecha con mi papá, y un poco más distante con él. Mi mamá nos ha contado que él nunca pudo superar el hecho de que nosotras seamos hijas de mi viejo y no de él, sintiendo profundos celos que nunca (o casi nunca) se trasladaban a los hechos cotidianos, pero que estaban. Hoy, después de haber sido testigo de tantas relaciones padrastro-hijastro enfermizas, problemáticas, de competencia, de ninguneo, debo agradecer que los únicos problemas que nosotras tuvimos fuesen por todo lo contrario.

Así que crecimos un poco poniendo paños fríos a la situación, haciendo lo que en general hacen los grandes con los nenes: cuidando de no hacer diferencias con nuestros tres padres, de no demostrarle excesivo cariño a mi viejo delante de mi papá postizo, de no desplazar a mi viejo del lugar de padre cuando estamos todos en alguna reunión, incluso de no hacer diferencias entre mamá —que con los años se va poniendo más sensible— y papá (“te pusiste una foto de perfil con tu papá y conmigo nunca te pusiste una”, hola vieja, te presento a Electra).

Creo que nos criaron de una forma abierta y sin prejuicios, y siempre naturalizando las cosas, y por eso cuando crecimos fuimos nosotras las encargadas de mantener la unidad, y que todo lo que ellos cuidaron que no nos pase a nosotras, un poco les está pasando a ellos, por eso sentimos el deber de hacer lo mismo que hicieron con nosotras: naturalizar y hacerlos entender que hay lugar para nuestros tres padres en la vida de cada una.

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3 pensamientos en “Como la chica de “Mis dos papás”!

  1. Ay! Me siento TAN identificada! Ojala pudiese expresarme como vos para contarlo.
    3 madres, 3 culturas y ahora se suman 2 suegras. Complicado. Pero como bien vos decis lo naturalizas y haces lugar para los tres.
    Muy lindo el relato, gracias.

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