El mito de la muerte

En “Ser padre hoy” por @ImNavajas

Mi viejo murió cuando tenía doce años. Ese día le dije a mi hermana mayor que nunca sabría que era tener un padre. Ella me contestó que lo iba a saber cuándo lo sea. Con el tiempo entendí que esa respuesta era parte de su mambo, que no estaba tan errada. No sé si todos los días pero sí en todos los problemas y en todos los cuestionamientos que me hago me pregunto que diría mi viejo, que me aconsejaría. La única respuesta clara que imagino es “Si no te sirve, tira todo a la mierda, aguantá que ya va a venir algo bueno” (Él luchó varios años, de allí su paciencia). paul heather y stella

Era alcohólico desde chico, vivió como pudo y hoy solo puedo entenderlo, para nada juzgarlo. Hizo lo que pudo con lo que le tocó vivir. Como parte de una familia acomodada, heredero de tierras, de historias y de mandatos eligió hacer la suya, enamorarse perdidamente de mi madre tratando de salvarse de esa condición, de escapar de ese designio infeliz de quienes lo tienen todo. Mucho tiempo lo trate de egoísta, de querer salvarse a si mismo. Mucho tiempo después entendí que era lo único que podía hacer, que no quiso ni pudo ser el héroe redimido, el que renace de la miseria. No quiero ser mi padre, mucho menos repetir su historia pero creo que hay algo de sinceridad en ella. Algo positivo en reconocer sus debilidades y aceptar que no podemos cambiarlo todo, lo que me ayudo a encarar lo que me tocó vivir. Solemos concebir el rol paterno como el del proveedor, alejado de todo contacto amoroso y de las enseñanzas típicas de los chicos. Cada vez más se escucha a las madres modernas reclamar para que los hombres tomen un papel activo en la crianza de los hijos. Esa es la única certeza que tengo: que fue mi viejo el que todas las noches me deseo que sueñe con los angelitos, el que quiso estar en cada momento de mi vida durante ese pequeño lapso de tiempo que compartimos.

Por eso lo entiendo, él quiso estar pero la vida lo puso en otra parte. Obviamente que estas pequeñas cosas no hacen a la paternidad, esos pequeños actos no son todo en la crianza de un hijo pero me ayudaron a entender, hoy a la distancia, que no hay una forma definida de criar un hijo, y aun en la peor de las formas, se puede dejar una buena enseñanza. Al menos, el camino que no hay que recorrer y que cosas si hay que vivir. No lo puedo culpar por no tener fuerzas, por rendirse ante la vida. Todos en algún momento caemos, pocos se levantan, otros se van por siempre. La mayoría vive vidas monótonas acordes a lo que los demás esperan de ellos. Quiero acá reivindicar a los padres que quisieron estar pero que las vida se los llevó, adorar a las madres que estuvieron de ese otro lado, sosteniendo a la familia mientras veían como, a pesar de sus esfuerzos, la vida de la persona que amaban se desvanecía.

Con su historia a cuestas uno hace lo que puede, y eso no te da impunidad de hacer lo que querés pero si las intenciones son buenas y demostrás cuanto te importa el otro, algo queda, una enseñanza, un camino que luego podés apropiártelo o aunque sea tomarlo como referencia. Son indicios, recuerdos o esas anécdotas que recordás cuando estás en el laburo y pensás por qué no pudo haber sido de una manera distinta. Muchas veces pensé que lo bueno que sacaba de su paso por mi vida era una manera de justificarlo, de redimirlo por tanta ausencia. Después me di cuenta que no, que a veces lo odio con la misma intensidad que lo extraño, con las mismas ganas de volver a mi pueblo y contarle como me va en la facultad. No lo tengo en mi vida y me pesa. Va a ser una ausencia para siempre pero no por eso voy a vivir en ese lamento de lo que no fue y mucho menos repetirlo con mis hijos. Me gusta recordar que lo amé desde lo más profundo de mi corazón, que la vida, el destino o el azar nos separó pero que siempre va a vivir en mi recuerdo, que me voy a acordar de cada anécdota y abrazo que me dio, que sé que a pesar de su ausencia y su corto paso por mi vida me hizo feliz y me enseñó un par de trucos para afrontar la vida. Mientras termino de escribir esto leo un tweet de mi hermano menor que resume todo esto: “Saludo a don Eduardo, esté donde esté”.

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