Del amor para toda la vida y la vida real

En Modern Family por @emmecu

Desde hace varios meses leo este blog y una de las secciones con la que más empatizo  es con Modern Family. Esto se explica muy sencillamente: aún no soy madre y es por eso que, aunque el tema me apasione y leer este blog es parte de mi “preparación” para el momento de ser madre, no viva todavía emocionalmente los vaivenes de la maternidad. Tengo 35 años, un novio hace dos con quien convivo y un proyecto de familia e hijos en nuestra agenda a corto plazo. Sin embargo, esto no se trata del pánico que me genera este proyecto de maternidad  sino de mi familia de origen. De mis papás y su historia y de cómo ésta me afectó en mi construcción de pareja. up

Mis viejos fueron padres muy jóvenes: a los 20 de mi mamá (y 24 de mi papá) nació mi hermana mayor, a los 22 yo y ya a los 25 era madre de tres hijas mujeres. Varios años más tarde, a sus 32, nació mi único hermano varón. Juntos eran lo más palpable del concepto de amor sano que existía. Habían crecido juntos, no tenían un mango, y la luchaban como locos. Juntos decidieron que mi mamá no trabaje más y que nos arreglaríamos con el sueldo del Estado que ganaba mi papá. El proyecto era claro, lo que más les importaba era su familia y la priorizaron ambos por encima de su desarrollo profesional. Así fue toda mi infancia y adolescencia. Mi mamá se encargaba de todo lo que funcionalmente era el hogar y mi papá trabajaba, pero ambos estaban siempre para nuestras necesidades.

En mi adolescencia, empecé a odiar el amor que se tenían: sentía que no había fisura por donde entrarles para que se contradijeran. Si yo le pedía algo a mi mamá y su respuesta era un no contundente, a los minutos me escondía para llamar a mi papá al trabajo y preguntarle lo mismo para ver si él contestaba que sí. Pero esto jamás funcionó: él contestaba lo mismo que mi mamá sin haberse puesto de acuerdo. Eran un equipo indestructible. Habían trabajado para serlo y era su gran éxito en la vida. Ante nosotros cuatro, estaban de acuerdo en todo. Cuando empecé a tener novios y a fracasar con uno tras otro, seguí odiando el amor que ellos se tenían. Sentía que jamás iba a poder no solo superarlos, sino ni siquiera acercarme a ello.

up2Hacia finales de mi adolescencia la situación económica de mi casa empezó a mejorar notablemente y mi mamá empezó la facultad y se recibió de Asistente Social. Con los años comprendí que se habían entendido mucho mejor en la lucha que en la bonanza y su relación había empezado a tener fisuras. A mis 23, el mismo año en el que me fui de mi casa, para sorpresa de absolutamente todos los que me rodeaban, mis viejos se separaron después de 27 años juntos. Mi papá le había sido infiel y mi mamá no lo pensaba perdonar. Hubo en esta separación dos cuestiones que desde ese momento se encallaron en mi cerebrito hasta poder desentrañarlo en terapia hace no tanto: 1) que el amor, por más maravilloso que sea, se termina, SIEMPRE, y además, se termina como el culo. 2) Y que esto me liberaba de sentirme una eterna fracasada por separarme de todos mis novios.

Con esto bien adentro mío, pasé novio tras novio haciendo todo lo suficientemente mal para cargarla porque igual “eso se iba a terminar” y yo necesitaba pasar por el amor saliendo lo menos lastimada posible. Al año de su separación a mi mamá el odio se le disipó y comenzaron a tener una relación de ex pareja y padres de cuatro hijos bastante normal y sana. Compartían todo lo que tenía que ver con nosotros: cumpleaños, graduaciones, navidades, años nuevos, etc, etc, etc…Mi mamá tenía un novio copadísimo con quien nunca convivió y de quien se separó a principios de 2012 y mi papá cambiaba de novia cada 2 años. Año tras años la relación entre ellos era cada vez más cercana y se terminaron de acercar definitivamente cuando tuvieron a su primera nieta, hija de mi hermana mayor.

A partir de ese momento, su ya muy buen vínculo, empezó a cambiar de a poco: se llamaban por teléfono para consultarse cosas que ya nada tenían que ver con nosotros, mi papá pasaba por lo de mi mamá (viven a 15 cuadras) a tomar mate y así. Siempre había una buena excusa. Hacia fines de 2012 las señales de acercamiento ya eran demasiado evidentes: mi mamá y mi papá, después de 12 años de separación se iban a amigar. Y así pasó en enero de 2013. Lo que yo suponía iba a suceder recién de viejos (siempre pensé que de viejos iban a volver a estar juntos) se adelantaba y ellos volvían a tener esa sonrisita de amor boluda que yo recordaba de mi infancia.

Justamente hoy, están disfrutando del verano italiano como dos jóvenes de luna de miel e intuyo que se van a acompañar hasta que “la muerte los separe”. Mientras tanto yo, con dos convivencias encima, siete novios estables, más decenas de paso, siento que desbloquee aquella máxima que decía que el amor siempre se terminaba y que hacía imposible construir una pareja a largo plazo. Hoy, junto a mi novio, construimos día a día una familia que hoy formamos nosotros dos pero que proyecta tener hijos. Y yo, intento construir mi propia historia de familia, intentando volver a creer que el amor dura para siempre, porque  si de algo estoy segura es que si no te crees que es para siempre es imposible intentarlo. Luego la vida dirá, como fue el caso de mis papás.

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13 pensamientos en “Del amor para toda la vida y la vida real

  1. El post de hoy me recordó de lo que escribí y me animó a mandarle hoy estas líneas a mis tres hermanos. Veremos cómo lo toman, ja. Gracias por tu comentario Matildas!

  2. la releo y m encanta
    eficiente introspección. gracias x compartirla
    p/ variar el comentario de remalamadre me puede

  3. Que linda historia!! Pero me hace mal. Creo en el amor para toda la vida o quiero creer pero es muy dificil la construcción diaria de una relación. A veces las cosas se rompen y es muy dificil remontarla por más amor que exista. Tal vez con el tiempo como le pasó a esta pareja… Me da esperanzas

  4. Les cuento que todavía no les mostré esto a mis papás. Creo que el comentario de agustinama, de que es para “película” me dio un envión. Mi mamá es un aparato y le va a gustar sentirse protagonista de una película.

  5. Juliabarrio: yo pensaba exactamente igual que vos. Pensaba que yo era un ser racional y que la racionalidad indica que todo se termina. Con el tiempo y muuuuchos años de terapia encima entendí que en las relaciones de pareja era imprescindible sentir que era “para toda la vida”, no porque fuese real sino que era condición necesaria para empezar a construir una familia.

  6. Me gustó muchísimo esta historia. Aunque desde mis experiencias siempre elegí pensar todo lo contrario: el amor, o mejor dicho las relaciones no duran para siempre. Todo es circunstancial, aunque dure unos meses o toda la vida. Nada es para siempre, nada es eterno. Siempre prefiero vivir los vínculos con esa cuota de realidad y estoy convencida de que es esa mirada filosófica la que me permite darle el verdadero valor a esos vínculos. Este relato me hizo pensar en eso, en aquello que escapa a nuestras expectativas y que nos sorprende.

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