“El miedo mueve. El miedo hace crear”

En Mamás trabajadoras por @purapamplina

Me llamo Sil, mucha gente -todavía- me dice Silvita. Para muchos otros soy Ruda, el nombre de mi payasa. Soy actriz, payasa –o clown, para mi es lo mismo-, docente y cineasta. Esta última profesión fue parte de mi “plan b”. Lo pensé en su momento para auto-darme trabajo si tenía ganas de actuar en cine. Y así como recibí el titulo, lo cajoneé. Por suerte, tengo siempre muchas más ganas de llevar adelante mi “plan a”, que es actuar y dar clase. La parte “detrás de cámara” quedó como un hobbie para hacer con amigos de la carrera cada vez que nos da ganas. Pero el día que no quiera hacer más lo que hago (si es que algún día sucede), tengo la posibilidad de abrir ese cajón, o quizás algún otro. sil03

Fui madre hace poco mas de 2 años y medio. No he sido una Susanita muy tradicional de chica. En mi conviven una varonera en potencia con ademanes elegantes para bajarme de las bicicletas y pintarme las uñas cada tanto. Pero siempre, desde que tengo memoria, quise ser mamá. Con deseos un poco más realistas desde los 14 años, cuando entre clase y clase de actuación, canto, danza o técnica corporal, lloraba en los baños de la escuela de teatro contándoles a mis amigas que tenía mucho miedo de ser mala madre. Después vino la juventud, más estudio, trabajos varios, trabajos apasionantes, me casé y me embaracé. Viví un embarazo muy feliz. Con algunos sustos, tales como que me electrocuté, por ejemplo. Pero en general, todo fue felicidad plena. Trabajé hasta una semana antes del parto dando clases y trabajando como asistente de dirección. La obra y yo parimos en la misma fecha. Luego nació mi hijo y la vida cambió por completo. La parte de la felicidad, el constante sorprenderse de que la vida puede ser mejor a cada instante, el amor más intenso del mundo ya la sabemos todos,  así que esa la salteo. La cosa inesperada fue todo lo demás: tuve un puerperio tremendo. En muchísimos aspectos. Tremendo de difícil. Bah, de horrible. Para que andarnos con chiquiteses. Puerperio con todas las letras, como todo el mundo. Aunque siempre nos parezca que cada quien sufrió mas, aprendí a perdonarme un montón de cosas con el “está bien. Le pasa a todo el mundo”.

Volví a trabajar cuando mi bebé tenía poco más de 4 meses de vida. Esperaba ansiosa la segunda temporada de la obra que asistía para poder irme de mi casa un rato a relacionarme con otra gente y con otra yo. Con alguna de mis otras yo’es. De un día para el otro me fui 5 horas de casa. No me resulto difícil. Creo que porque desde el parto me fui de casa varias veces. Por temas de salud míos y de mi hijo, íbamos y veníamos a los médicos de él, a los míos y la mar en coche. Así que desde el principio aprendí una partecita ínfima del tema “irse”. Sobre todo lo de “irse de verdad”. Siempre que me fui, al menos por una hora, a ver un médico y volver, me iba. Nunca me pasó mucho eso de llamar cienmil veces a ver “cómo está el bebe” y todo eso.

sil02Así que cuando retomamos los ensayos, empezó (empecé) el trabajo de rearmarme como persona de nuevo. Como trabajadora. A rearmar un cuerpo medio destartalado, sudado y muchas veces doliente, para volver a ser un cuerpo que trabaja. Que se mueve, que mueve cosas, que corre cosas y que corre (dios mío, cuando volví a caminar ligero, sola, sin empujar un carro, que agite, madre mía!), que se sienta en el piso, que salta… bueno, eso: un cuerpo que trabaja. Entonces mi cuerpo empezó a trabajar mucho antes que mi mente. Pero mucho antes. Al mes de retomar esos ensayos, volví a dar clases. Mi hijo ya tenía casi 6 meses. Al principio todo se sentía un poco raro un rato. Pero enseguida me sentía yo otra vez. Y esto fue una felicidad inmensa. Reconocerme. Mi trabajo me permite trabajar mucho en casa. Y cuando me voy a dar clase, a ensayar, a hacer función, pueden ser ratos “relativamente” cortos. 2, 3, 4 o 5 horas. Aunque sean varios ratos cortos al día, siempre puedo volver a casa a pasar un tiempo con mi hijo y volver a salir. Creo que volví a pensarme, a pensar y  sentir vivo mi trabajo, hace algo más de un año. Sí, soy de fichas lentas. Pero “está bien. Le pasa a todo el mundo”. Cuando mi hijo cumplió el año y medio, retomé mi trabajo como actriz, ensayando y estrenando luego una obra de teatro; y ensayando un unipersonal de clown, que estrenaré en breve. Otra gestación. Distinta, muy distinta. Me acuerdo que esos primeros días después del nacimiento mi analista me dijo algo que atesoro y recuerdo cada vez que puedo: “las mamás no se equivocan”. Obvio que me equivoco todo el tiempo, en el sentido de que uno no sabe que carajos está haciendo como madre/padre. La frase apunta más bien a esa sensación de auto culpas, auto reproches, y demás. Y propone tratarse con mas piedad: que al fin y al cabo, las decisiones y las acciones que tomamos son a partir de lo mejor que podemos hacer, y a veces, solo algunas veces, lo que queremos. Y eso… “está bien. Le pasa a todo el mundo”.

Otra frase que trajo mi marido a casa -esta vez de su terapia- (sí, estamos todos muy psicoanalizaditos acá) y que me parece un gol de media cancha es: “los hijos también se merecen que uno esté contento; tener papas que estén contentos con lo que hacen/son”. Porque yo al binomio maternidad-trabajo siempre lo pensé como un hecho que “restaba”, es decir: si trabajo estoy menos en casa, le doy menos bola a mi hijo, vuelvo mas cansada y estoy con él pero con menos energía, etc. Y además, todo el mambo de “si trabajo, si me da culpa, si trabajo mucho, si es poco, si el dinero alcanza, si se me va toda la plata que gano en contratar una niñera”, etc. etc. Pero encontré en esta frase, un hecho muy revelador y fundamental para mí, que es poder ver la parte saludable. Mi trabajo, -además de ser una necesidad económica, una obligación, y algo que me gusta/necesito mucho hacer- me es saludable. Es saludable para mí y es muy saludable para mi hijo también. No solo por el poder separarnos un rato para volver a encontrarnos frescos, con novedades, con todo eso que tiene un reencuentro y el compartir lo que nos sucedió a cada uno. Sino porque  mi trabajo muchísimas veces me sana y me hace feliz,  entonces tengo algo lindo para compartirle a él. La felicidad que me provoca mi trabajo es diferente a la felicidad que me produce mi hijo, claro. Mi dinámica en el trabajo ha cambiado. No es mejor ni peor. Pero vivo el trabajo de manera muy diferente a como lo hacía antes de tener a mi hijo. Pero amo lo que hago.

Mi hijo sabe que cuando me voy a trabajar, vuelvo. Sabe que si me maquillo, es que voy a actuar. Y que a veces consigo traer caramelos del teatro a casa -shhh-. Sabe también que cuando agarro el pandero y los cuadernos a lunares, voy a dar clase y ver alumnos. Y sabe también contagiarse de algunos amores nuestros y pedir que vengan payasos a visitarnos a casa. A mí de chica los payasos me daban mucho miedo. Pero como diría mi amada Pina Bausch: “El miedo mueve. El miedo hace crear porque tú quieres inventarte un mundo donde tus ideas y tus sueños funcionen”. Raro. Pero está bien. Le pasa a todo el mundo.

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7 pensamientos en ““El miedo mueve. El miedo hace crear”

  1. Me encantó leer tus palabras, estuve ahí también y en realidad todavía transito ese camino…También abono a esas palabras de que los hijos se merecen tener padres contentos. Creo, en definitiva, que es donarles algo que será valioso para su presente y su futuro. Carolina

  2. que lindos comentarios, gracias! que bueno que sea util, aunque sea un poquito. compartiendo nos sentimos menos solos, todo asusta menos. besos y abrazos colectivos. sil, ruda, silvita y todas las demas yo’es.

  3. Hermoso!!! me llega justo en el momento en que tengo que volver a trabajar con más fuerza, y me llena de tranquilidad y alegria tu relato. abrazo grande!

  4. De los relatos más bellos que leí en este blog! Me llenaste de ternura, @purapamplina. Le mando un abrazo a tu Silvita niña que le tenía miedo a los payasos de parte de mi Julita niña que tenía el mismo miedo. 😉

  5. Exeleentee! precioso! de lo mejor de las madres trabajadoras que he leído. o Por lo menos me tocó bien de cerca. Gracias angulita por compartirlio y más gracias a @purapamplina por contarlo! me encnataron otdas las frases que pusiste. De tu marido, el analista y la última GE-NIAL! será porque yo también siempre decodifiqué a la madre trabajadora como la madre ausente. Porque yo de chica sufrí no tenerla. pero si me lo pienso un rato, es verdad, el verla feliz debió ayudarme a entender porque se iba tantas horas. Al fin y al cabo a mi me ayudó sentir hoy lo que ella sitió para darme fuerzas y salir a trabajar. Sí, esa historia es un post que les debo! besote

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