Madres de serie

De todas las series que vi y veo, en Mad Men y en The Sopranos  encuentro los modelos de madres más interesantes y mejor logrados en relación al contexto epocal. Vista a los ojos de 2013, Betty es una absoluta madre monstruo: fría, desamorada, inconformista, desapegada e incapaz de transmitir una emoción. En esta época de auge de la crianza con apego, Betty Draper representa todo lo que una madre actual no quisiera ser. Sin embargo, el personaje de January Jones está encarnado en los años ´60 y defenestrarla por eso sería, en principio, injusto. Seguramente, 50 años atrás, había madres cariñosas y womendedicadas a sus hijos, Betty Draper no es la regla pero tampoco la excepción. Su forma de ser madre no puede desprenderse de su frustración personal y en este sentido creo que representa esa transición maravillosa de la mujer ama de casa y madre a la mujer que busca su propio camino que se comenzó a producir en aquellos años. La anulación de sus virtudes personales, producto de haber sido una niña consentida por su padre y a continuación por su marido, la convierten en una mujer infantil y egocéntrica, por momentos incomprensible y presa de su propia condena. Para el afuera, sin embargo, Betty y Don son la pareja perfecta. Él, con su carácter y su éxito, es un galán soñado. Ella, por su parte, cuenta con el allure de las estrellas de Hollywood y una belleza angelical. Pero puertas adentro, la falta de complicidad y de química que dan a entender que entre dos hay amor es evidente (creo que la única escena en donde hay una onda entre ellos es cuando lo acompaña a Europa por un viaje laboral y ambos se divierten mintiendo a un par de hombres que intentan seducir a Betty mientras espera a Don para cenar). Betty encarna la bisagra. Por eso su personaje me parece entrañable y adictivo, está parada en el medio de esa confusión que implica responder al mandato pero desear otra cosa. En este sentido, hay dos momentos de Betty que me parecen geniales aciertos de los guionistas de la serie: Divorciarse y engordar. Rebelarse.

Carmela, por otra parte, representa a la madre abnegada y devota de su familia. Nadie podría decir que es mala madre desde los parámetros sociales que rigen lo que una progenitora debe ser: es dedicada, organizada, resigna su vida personal por sus hijos, siempre está impecable, cocina, lava, plancha y no coge. Pero si rascamos un poquito la cáscara podemos ver en Carmela a ese prototipo de madre de los ´90, cuando todavía no había estallado el boom de la terapia psicológica que –por lo menos en Buenos Aires- arrasó con familias y estructuras en los tempranos 2000. Carmela es una encubridora, y no me refiero a las actividades ilícitas de su marido sino a las miserias de su familia: la imagen hacia el afuera es lo que a ella le importa. Seguramente la desigualdad en su relación de pareja tenga base es la desigualdad en su relación económica.

Tony Soprano, el macho proveedor, tiene derecho a tener aventuras con mujeres (ella encuentra evidencia en varias oportunidades durante la serie), a negarse a tener sexo y a desentenderse del crecimiento de sus hijos mientras que ella reprime sus fantasías sexuales con otros hombres, no pregunta sobre sus “entretenimientos fuera de casa” (como carmelaT.S. los llama), soporta el desprecio de su esposo a la hora del sexo y el maltrato de sus hijos por estarles encima (sobre todo del menor, el consentido). Cuando comienza a sentir el “síndrome del nido vacío” y diseña un proyecto para abrir su propio negocio, su marido en las sombras se lo boicotea.

Creo que tanto Betty Draper como Carmela Soprano son personajes excelentemente construidos, extremadamente complejos y que dicen mucho del momento histórico en el cual sus personajes se insertan. Eso es lo que me encanta de las dos: un paso atrás o un paso adelante, todas somos madres en la historia.

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4 pensamientos en “Madres de serie

  1. Los dos personajes están genialmente construidos, sin embargo, algo que me dejo helada de Betty, fue cuando las postergaciones de su vida suburbana se somatizan en esa especia de parálisis que empieza a tener en las manos, y al comenzara hacer terapia, Don llama por teléfono al psiquiatra para que le cuente todo lo que ella hablo en su sesión.
    Sin palabras.

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