El riesgo, componente esencial del desarrollo

A partir de una entrevista que me compartió Paula, lectora del blog, sobre el pedagogo italiano Francesco Tonucci, estuve investigando su trabajo en internet y encontré cosas muy interesantes a propósito del post que publiqué esta semana, sobre la estimulación y la sobrecarga de actividades que actualmente ejercemos sobre nuestros hijos. Tonucci nació en Fano, Italia, en 1941. Se diplomó como profesor en 1958 y, en 1963, se graduó en Pedagogía, en la Universidad Católica de Milan. A los 28 años recibió su primera distinción en ese campo y comenzó a satirizar la realidad de la escuela a través del seudónimo “Frato”, a través del cual comenzó a publicar trabajos como dibujante. Fue maestro de escuela primaria y, en 1966, se convirtió en investigador en el Instituto Psicológico del Consejo Nacional de Investigación. El interés de sus investigaciones se centra en el desarrollo cognitivo de los chicos, el pensamiento infantil y su comportamiento y la relación entre la congnición de los niños y la metodología educacional.

De las cosas que estuve leyendo, hice un recorte de lo que me pareció más interesante: En mi infancia hacer un amigo nuevo era un riesgo que requería capacidad de conocimiento de los otros, y me parece un valor enorme. La dificultad que hoy tienen los jóvenes de crear pareja estable se debe a que les faltó la experiencia de crear relaciones que tuvieran que afrontar solos. El riesgo asusta. El riesgo es un componente esencial del desarrollo. Sería deseable que los niños encontraran sus obstáculos en el momento útil, medir si pueden saltar un riachuelo o si les compensa relacionarse con alguien. Hayfrato-juego-deberes quien opina que ya tendrán tiempo… Los pequeños pasan sus días frente a adultos instructores, les es difícil hacer cosas raras. Así se va alimentando una necesidad de riesgo acumulada que expresará con su primera moto y en las salidas nocturnas. Los niños no son aspirantes suicidas, no buscan situaciones que no puedan dominar porque se trata de jugar. A cambio de impedirles ese juego exploratorio les damos protección y posibilidad de adquirir muchas cosas. Se crea así una relación perversa entre un niño que quiere mucho y un adulto que piensa que tiene que dar mucho para compensar lo que no puede darle. Los regalitos continuos destruyen la capacidad de juego. Los chicos de clases medias y altas tienen dificultades para salir de sus casas a encontrarse con otros niños que no conocen. Esta experiencia de encuentro entre pares es muy interesante: hay que elaborar estrategias para ver si yo puedo jugar contigo o si eres peligroso para mí. La gente dice que los chicos de hoy no tienen valores ni reglas. “Si me lleva al colegio mi mamá, a mí no me toca ocuparme del tiempo”. Los chicos de las sociedades ricas tampoco experimentan la espera. Y es importante para los chicos desear y aburrirse con amigos, en un ambiente al aire libre, que permite inventar algo nuevo cada día. Vivimos en un mundo globalizado donde parece que lo más importante que tenemos para compartir es el miedo. Y tener miedo significa ponerse en una posición de debilidad. Hay que acompañar “pero de lejos”. Como decía un niño argentino: “Los niños aprenden mucho más jugando que estudiando, haciendo que mirando”. El juego que hacen solos sin el control de los adultos es la forma cultural más alta que toca un niño. Los niños que han podido jugar bien y durante mucho tiempo serán adultos mejores. Según Tonucci, todas las crisis de la juventud se gestan en la primera infancia y un adulto sano es el resultado de un niño que ha jugado mucho y ha tenido autonomía porque el juego da recursos para la vida.

¿Qué les parece? Tiene una mirada muy copada, estoy absolutamente de acuerdo pero debo reconocer que uno no puede tirar a su hijo a la vida así, de golpe, cuando el conjunto del mundo y de sus compañeros se comportan de otra manera, aunque esa manera sea la del miedo, la de la paranoia. El mundo en el que nuestros hijos tienen que vivir su infancia es este, con estas condiciones, y no creo que sea tan sencillo manejar esos espacios de libertad que plantea Tonucci como si uno viviera en un campo del interior de la provincia en 1945. Coincido en que pasa mucho menos de lo que plantean los medios de comunicación, que tenemos miedos injustificados a pedófilos, secuestradores y asesinos de niños cuando en realidad esos hechos se producen mucho más por parte de conocidos de los chicos que de desconocidos. Quizá el manejo de las libertades se van sucediendo a medida que el grupo de sus pares también los van a adquiriendo. Supongo que si mando a mi hijo solo al colegio a los 5 años, caminando las 7 cuadras que lo separan de mi casa, voy a recibir un llamado policial a la primera de cambio. Incluso siento que mi hijo es inmaduro para responsabilizarse por su integridad física a los 5 años, seguramente debido a su crianza en la ciudad, debido a mis miedos, a su “soledad” y a su –como dice Tonucci- “poco manejo espacial y mucho manejo intelectual”. Sin embargo, está bueno para reflexionar sobre la estimulación y sobre los espacios de libertad que, en la medida de lo posible, podemos brindarles.

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8 pensamientos en “El riesgo, componente esencial del desarrollo

  1. Ah, otra cosa. El tríptico de la infancia de Rosario es increíble. La isla de los inventos y el Jardín de los Niños son lugares que estimulan el juego y ves como los chicos disfrutan muchísimo de eso. Es una pena que sólo existan allá.

  2. No lo conocía, y me pareció super interesante lo que plantea. Me parece también que es un a cuestión de escala el tema. Vos podés dejar que un chico de 5 años juegue solo en el jardín de una casa o en un sector de una plaza, podés estar mirando pero a cierta distancia. Capaz en ir calibrando esa distancia es dónde hay que poner el foco, y eso dependerá de varios factores: dónde vivís, cómo sos vos, cómo es tu hijo. El mío juega mucho solo, a veces hasta me echa del baño para jugar un rato solo en la bañera.

  3. Coincido Julia es muy interesante la mirada de Tonucci, y es imprescindible al menos conocer su planteo. Lo leí por primera vez en el profesorado, cuando aún no tenia hijos y me parecía muy interesante. Ahora siendo madre me parece imprescindible tomarlo como referente en algunas cuestiones, sobre todo con las prácticas que naturalizamos (desde la docencia y desde la maternidad, por ejemplo). Aunque a veces algunos de sus planteos nos parezcan irreales nos sirven para repensar y criar-educar-acompañar a través de la confianza y no del miedo.

  4. Para los que nos dedicamos a la educación, Tonucci es un referente ineludible. Es casi imposible que un educador no lo referencie en algún momento de su carrera. Es cierto que muchos de los planteos que hace pueden sonar a irreales o difíciles de verse puestos en práctica en las sociedades urbanas actuales (de hecho, su pedagogía pegó fuerte en los 80) pero es innegable que desestructura las instituciones educativas de las cuales la más tradicionalista es la familia, antes que la escuela.
    Sin embargo, hay una manera de “leer” a Tonucci que justamente plantea la dicotomía escuela (o familia, si se quiere) versus vida real. Y el tipo logra sacarle a la escuela ese manto de sacralidad y la enfrenta con sus propios fantasmas, esos miedos que la sociedad deposita dentro de esa institución que debe “velar” por los niños, pero que los aleja de la infancia en su naturalidad porque los carga de una cultura opuesta.
    Hace a la escuela reirse de sí misma, verse en ese espejo que la aleja de la vida real hasta configurando un lenguaje (el lenguaje escolar) tan ajeno a la infancia que resulta ridículo. Por eso apela a la ironía y yo creo que vale la pena dejarse interpelar por esa mirada. Les recomiendo su libro “Con ojos de niño” muy especialmente.
    Dejo link a una nota sobre sus viñetas (porque Frato es dibujante tbien) que se publicó en El Monitor, que es la revista de los docentes que se hace acá en el Ministerio de Educación:
    http://www.me.gov.ar/monitor/nro7/entrevistaft.htm

  5. Me gustó mucho el post. Si bien no dice nada nuevo, es bueno recordarlo. Y me parece que hay opciones intermedias. No creo que dé para mandar al pibe de 5 sólo al jardín, pero por ejemplo llevarlo a una plaza, irte con un libro (de adultos) y no darle bola, que tenga que generarse sus propios amigos en la plaza, sus propios juguetes con ramas y piedras, me explico? bajo supervisión tuya, si no te abstraés demasiado en la lectura, jajaja.

  6. Super interesante lo que compartís de Tonucci y las conclusiones del final. Creo que en la confianza que depositamos en nuestros hijos están las bases de la seguridad que va a tener como adulto, en la confianza que luego tendrá en sí mismo. Tonucci venía mucho a Rosario en alguna época. Fue referente de las políticas de infancia cuando Binner era intendente y tuve la suerte de escucharlo hablar en alguna oportunidad y ayer cuando vi el comentario de la lectora entré de cabeza a leer la nota. Hay un proyecto llamado “la Ciudad de los niños” que funciona en Rosario desde hace mucho que está inspirado en sus ideas y se basa en dar a los chicos participación ciudadana en los proyectos de la ciudad.

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