Palabras de aliento

Vengo con palabras de esperanza y de buenaventura para las mujeres y hombres que están atravesando un puerperio, para los que tienen bebés o hijos chiquitos y sienten que su vida se va por la canaleta de los pañales y la Nutrilón, para los que sueñan con dormir 3 horas de corrido o comer un plato caliente de comida sin interrupciones, para los que anhelan el momento en que puedan salir a caminar, a la plaza, a un shopping, sin arrastrar del brazo a sus pequeños hijos con la cara llena de mocos y lágrimas, para los que no dan más.

Todas mis amigas y amigos que tuvieron hijos, hasta los dos años y medio, tres años de su primogénito afirmaban con la seguridad de quien dice “nunca voy a afiliarme al Partido Nacional Socialista” que jamás, PERO JAMÁS, tendrían otro hijo. Yo misma lo dije cuando creía que la maternidad era no comer, no dormir, lidiar con berrinches, llorar y sufrir: no vivir. La esperanza radica en que el proceso civilizador en que uno se embarca con los hijos chiquitos, en un momento determinado funciona. Recuerdo perfectamente el momento en que descubrí que podía dejar 15 minutos a mi primogénito mirando una película en la computadora e ir a bañarme; recuerdo que le dije “me voy a bañar, quedate ahí hasta que vuelva, NO TE LEVANTES” y me dijo “está bien”. Me bañé y al volver, estaba todo bien. Me sentí Mel Gibson en Corazón Valiente, cuando su personaje, William Wallace, grita freeeeedom. evatest positivo

Me di cuenta que los chicos, hasta los tres años aproximadamente, son como monos. No entienden, no razonan, son pura energía incontenible. Es frustrante, por eso para los padres es la etapa de “nunca más voy a tener hijos”. Es perfectamente entendible, pero cuando te das cuenta que la vida con hijos no es eso para siempre, el panorama cambia. De repente atraviesan el muro de la civilización y empiezan a comportarse. Por más que uno, como padre, sepa que los chicos son chicos y hacen cosas de chicos, nadie quiere soportar un berrinche de “comprame, comprame” en el supermercado. Es normal pero es frustrante.

Sé que mi propuesta tampoco es de lo más alentadora: “ah, ¿vos me estás diciendo que en tres años aproximadamente voy a recuperar un poquito de vida?”. ¡No, ni loca! La vida tal como la conocías se fue para siempre, PARA SIEMPRE (acá siempre decimos la verdad) pero al menos el nivel de frustración va a bajar, ellos empiezan a hablar (uno no sabe lo importante que es el lenguaje hasta que comparte 6 horas con un bebé que llora), la etapa del “suicida potencial” va cediendo y ya no les divierte tanto meter los dedos en los enchufes o prender las hornallas de gas, entonces empezás a pensar que no es buena idea que sea hijo único porque los chicos que se crían sin hermanos son egocéntricos, no saben compartir y bla bla bla. En síntesis, ellos se calman, nosotros también y ahí…evatest positivo once and again.

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13 pensamientos en “Palabras de aliento

  1. Justo justo justo hoy, hace un rato nomas pensaba en que mi mejor consejo para una madre con un hijo chico es: no tengas el segundo hasta que el primero no pueda quedarse solito mirando tele por al menos 20. Minutos y vos te podes ir a bañar???? Las bolas. A dormir al otro.

  2. Gracias por estas aiempre ahí con las palabras que necesito. tengo marcados en mis mails tus ultimos 3 post para comentarte. Hoy vine al toque porque me haé bien lo que decís. Con un terremoto de 3 y medio (por más que habla muu bien no para!!) Aseguremé que se calma a los 4!! neecsito creer! jajaja y una criaturita de 7 meses a la que hay que traducir su llanto al “¿qué le pasa?” necesito recordar que va a pasar. Y algun dia serán amigos o por lo menos jugarán juntos. Y nos van a dar un poco de paz a marido a mi que estamos A-g-o-t-a-d-o-s!!

  3. ay querida! no sabes lo bien que me viene este post. refresca un poco la mente. pero sigo sin entender si tenes un evatest positivo mirándote desde la mesa o no.

  4. Imaginate con un niño de dos años y una beba de 7 meses. Yo los quería seguidos, pero no tanto! Ahora a remarla! Y si, esta etapa va a pasar y vendra otra! En fin… Besos!

  5. Con mis incipientes diez semanas de embarazo y una panza que se nota como de 16 semanas estoy atravesando esta marea, de una que de a poco se civiliza y un@ que me tiene a mal traer entre nauseas, cansancio y sueño que es casi como estar dorogada y estar un tanto más inestable que siempre.

    You must believe, es lo único que me repito.

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