El año del pensamiento mágico

Terminé de leer el primer libro del año. El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, es una catarsis descarnada de una periodista y escritora que, mientras su hija permanece internada y en coma por una neumonía, pierde a su marido con el cual estuvo casada cuarenta años. El 30 de diciembre de 2003 Didion y su marido, el también escritor John Dunne, regresaron a su casa luego de visitar a su hija Quintana en el hospital donde permanecía internada. Mientras Didion preparaba la cena, Dunne se desplomó sobre la mesa, víctima de un paro cardíaco. Lo que sigue es el relato de cómo desesperadamente intentó salvarle la vida, la reconstrucción del duelo y de cómo afrontó sola la enfermedad de su hija, la única que tenían en común.  didion

¿Cómo se vuelve a vivir “normalmente” después de haber pasado los últimos cuarenta años de vida junto a la misma persona? ¿Cómo reconocer a la persona que uno es si durante cuarenta años nos vimos a nosotros mismos a través de los ojos de otro? La búsqueda de esas respuestas es lo que conforma el eje del libro. Lo que Didion no se explica es como “un día como cualquier otro, una mañana soleada como cualquier otra” puede ser el comienzo del fin. Tampoco se explica como una simple gripe puede transformarse en una infección generalizada en el cuerpo entero de Quintana.

Cuando su hija salió del coma, Joan Didion tuvo que comunicarle la noticia de la muerte de su padre. Aparentemente recuperada, Quintana asistió a una ceremonia funeraria celebrada en la catedral de Saint Patrick y al cabo de unos días la autorizaron a volver en avión a California, donde residía junto a su marido. Pero poco después de aterrizar le sobrevino una embolia pulmonar que derivó en un nuevo internamiento en terapia intensiva. Murió unos meses después, con 39 años. El año del pensamiento mágico estaba ya redactado cuando falleció su hija (Didion comenzó a escribirlo diez meses después de la muerte de Dunne) y aunque su tema es el poder devastador de la muerte, Didion no menciona en él la muerte de Quintana.

El resultado final es un testimonio sereno pero desgarrador sobre el dolor, la pérdida, el duelo y sobre un tema tan tabú para los norteamericanos como es la muerte. No ofrece palabras de consuelo ni pretende ser un libro de autoyuda sino que es un retrato de la vida atravesada por la insondable ausencia, ese “nadie con quien estar de acuerdo, en desacuerdo o con quien discutir”, con el que Didion debe acostumbrarse a vivir. La descripción de sus propios comportamientos erráticos (la decisión instantánea de hacer la autopsia al cuerpo de John, la negación de regalar sus zapatos “por si vuelve”, entre otros); el paso del tiempo como el remedio inevitable a tanto dolor (“el tiempo es la escuela en la que aprendemos”); las lecturas de libros de medicina y de experiencias similares (como Una pena en observación de C.S. Lewis) para ubicarse en su nueva vida hacen de El año del pensamiento mágico un libro triste, sí, pero lleno de verdades sobre el amor, la muerte, el matrimonio, la maternidad y los tabúes. Read it.

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3 pensamientos en “El año del pensamiento mágico

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