Los monstruos también se heredan

El ejercicio de una maternidad autocrítica y flexible, con capacidad de cambios y ajustes es lo que me propuse lograr en todos estos años. Aunque una sepa que nadie es perfecto, el temor de convertirse en una “mala madre”, mote que nos acecha como un karma de vidas pasadas, tiene un poder inexplicable en la cotidianeidad de nuestras vidas. Equivocarse, dejar una marca negativa imborrable, a veces se convierte en el peor de nuestros temores e, inevitablemente, nos pasamos para el otro lado: el del sobre análisis.

Suelo sentirme improductiva muchas veces en relación a la crianza. Tanto renegar, tantos enfrentamientos e insistencia por un supuesto bienestar futuro me han convertido en “mi madre”. A spike-jonze-donde-viven-los-monstruosveces siento que vivo en un ciclo de juntar energías y repensar mis acciones hasta que el cansancio, el desgano y el enojo van tapando lo bueno y viene la crisis. Dudas, ajustes, reprogramar acciones y un bienestar que dura poco tiempo, o menos de lo que desearía. Estoy exagerando, obvio. Quizá nadie entienda muy bien de lo que hablo pero básicamente me refiero a que nunca sé lo que es bueno, lo que está bien. Dudo de si soy demasiado estricta o no lo suficiente, si es mejor darles más libertad o menos, si debo dejar que se equivoquen más o ayudarlos todo lo que pueda, y así.

En estos casi 6 años que llevo de ejercicio maternal, una de las cosas que mas me costó aceptar fue que mi primogénito no era la persona que yo había imaginado que sería cuando era bebé. Creo que uno suele imaginar que los hijos se van a parecer a uno en las cosas buenas pero con más talento y más aptutudes y después se encuentra con que, oh sorpresa, lo malo también se hereda y no -obviamente- desde un punto de vista biológico sino desde el hecho de que uno se convierte en un modelo. Mi hijo mayor es muy parecido a mi precisamente en las cosas que no me gustan y un hijo como espejo a veces es bastante doloroso. Quizá no porque esas caracteristicas sean algo super malo, sino porque uno no quiere que sufran, por lo menos en las mismas cuestiones. Decirle “hijo, no seas tan obsesivo” no es una opción para mí, si yo misma fuese una persona relajada no estaría escribiendo este blog, ¿no?

¿Cómo mantienen los propios monstruos en la jaula?

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9 pensamientos en “Los monstruos también se heredan

  1. Pingback: Monstruos familiares | LIBERTAD CONDICIONAL

  2. Estimada, he vuelto a leer después de un tiempo alejada del cybermundo y entre el post de las cosas que no hay que decirle a una madre trabajadora y este…me dejaste con las ruedas para arriba.
    Es un hecho que una (yo al menos) cuestiona la maternidad en general y el rol propio de madre en particular todo el tiempo…y la verdad es que no hay recetas. Creo que cada una tiene que hacer lo que cree mejor para sus hijos y hacerse cargo de las decisiones que toma, que es para mí lo más difícil.
    De la genética no puedo hacerme cargo, pero es como vos decís; el tema del “espejo” es terrible. Con mi hija mayor que tiene casi 5 estoy en esa; por momentos creo que soy hiper estricta, por momentos muy relajada y así la niña crece como puede, a los tumbos con una madre que es peor que una veleta de techo a veces…
    Y sí, me dejás pensando. Voy a tener que retomar terapia para no arruinarlas del todo.
    Besos!

  3. Q suerte q estamos todas en la misma!!! El otro día le dije a mi hija de 5 años y medio: “hay cosas que yo hago pero q no me gustan”… como para que si copia o imita, seleccione. Ella se quedó sorprendida y me preguntó: “¿cuales?”. Tenía una lista enorme!!! Pero, a modo de ejemplo, le dije “gritar”.

  4. yo soy muy estructurada, obsesiva y ermitaña. El contacto con el mundo exterior tiene que ser en cuenta gotas y acompañado de rituales. Sufro horrores de pensar que mi hijo pueda parecerse en eso, y pienso cómo procesará en el futuro tener una madre tan fóbica. Para mi, es una lucha conmigo misma todos los dias, por él.

  5. vera es idéntica (bue). son muchos los momentos en q estoy por perder la paciencia y click la entiendo e intento acompañarla. sí, me sale como el orto.
    tengo un tema no resuelto con el no haberme sentido amada y temer q eso le ocurra. así es q en cuanto nació (y fue amor a primera vista, en parte x identificación absoluta) decidí que no iba a tener más hijos (hay varios motivos pero no vienen al caso): no quiero q ni por un instante no se sienta única, adorada, etc (al menos por su madre)
    estuvo rondando retomar alguna terapia, pero x el momento lo pospongo.
    hermosa entrada

  6. A mi no me desagrada la personalidad de mi hija. Yo tengo bastante baja autoestima y encuentro todas sus diferencias como posibles mejoras. Lo que sí ahora con 27 meses y empezando a entender todo lo que pasa alrededor estoy planeando hacer (por primera vez) terapia, ir al psicólogo, tratar de ponerle etiqueta y embolsar algunos asuntos en particular que no quiero contagiarle.

  7. Como siempre, me indentifico mucho con tus entradas. A menudo me pregunto si somos muy estrictos o todo lo contrario. Hay ciertos rasgos de la pesonalidad de mi hija con los que más me cuesta llevarme y me llevó su tiempo aceptar que su personalidad no es como la mía. Es es mi monstruo de mamá controladora, aceptar que un hijo no se puede controlar, que es un individuo con su personalidad, sus gustos, sus formas. Y a medida que crece eso se va acentuando más, con lo cual mi ejercicio es permanente. Me dejás pensando eh!

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