Momentos de una vida

Esa es la bajada del título de la nueva película de Richard Linklater, Boyhood, y la oración que describe sencillamente la intención fílmica de este director que tan acostumbrado nos tiene a empresas imposibles y, precisamente por eso, disfrutables hasta las lágrimas. Después de la trilogía que retrató la intensidad y las desavenencias de una pareja en sus 20, 30 y 40, Linklater se propuso filmar el inicio de la pubertad de un chico en tiempo real, propuesta que desborda de atracción. Durante doce años (desde los seis hasta los dieciocho), el director filmó el crecimiento de Ellar Coltrane, el chico que encarna a Mason, un niño de Austin, Texas que vive en el seno de una familia disfuncional. Los mismo hizo con los padres de Mason, representados por Ethan Hawke y Patricia Arquette, la encantadora Alabama Worley de True Romance que ya pisa los cincuenta, y de su hermana, Lorelei Linklater (hija de).

La película emociona porque trata, precisamente, de momentos de una vida. Y a veces no necesitamos más que eso para gastar un paquete de carilinas en la sala de cine. El divorcio de los padres, la nueva escuela, el primer amor, el debut sexual, la primera cerveza, el egreso escolar y la construcción de un carácter (sombrío, poco descargaexpresivo) marcado definitivamente por todas las experiencias retratadas en las dos horas cuarenta minutos que dura Boyhood. No hace falta decir que Linklater es el maestro de los diálogos. Eso, sumado a la sola imaginación de lo que habrá significado filmar una película durante doce años, sin la posibilidad de repensar, destruir y volver a hacer y sosteniendo la misma idea por más de una década, y si…súper meritorio.

El personaje de Patricia Arquette es adorable, una madre que se esfuerza por terminar la carrera universitaria de psicología para darle a sus hijos “un futuro mejor” aunque elige los peores maridos poniendo en evidencia como a veces “lo mejor” para nuestros hijos es un dardo que nunca da en el blanco. Y el miedo a soltarles la mano y que no puedan encontrar su camino, porque dieciocho años suena a bastante poco para enfrentarse con la soledad y el desamor, con decisiones fundacionales, abandonos y maltratos laborales. Y la escena en donde la madre se muda a un departamento más chico porque su hijo menor se va a la universidad y la casa queda muy grande para una sola persona, y ya siente la comezón del nido vacío porque sus hijos ya no la necesitan y llora desconsoladamente diciendo que el próximo evento familiar para el que se junten va a ser su funeral. Y aunque su hijo le diga riendo que se está saltando como cuarenta años la entendemos perfectamente porque, apenas pasando los cuarenta, ya cumplió con todo lo esperable: el casamiento, los hijos, la carrera, los divorcios, el desarrollo profesional. Nadie espera ni va a esperar nada de ella, ¿Podemos hacer la plancha en la vida hasta envejecer porque nadie espera nada de nosotros? ¿No es eso bastante triste?

Y el padre divorciado que viene una vez cada tanto pero que hace los mejores planes y es un poco un chanta, con la guita y la presencia, pero hace cosas adorables como regalar a su hijo “El Álbum Negro” en su cumpleaños, acompañado por una diatriba encantadora sobre los Beatles (You had me at diatriba encantadora sobre los Beatles, Linklater). Y los campamentos, el partido de beisbol, el bowling. Mientras que la madre la escuela, el dinero, la enfermera, la cocinera. Y sin embargo él no es demasiado malo ni ella es demasiado buena. Relativizar a los padres, los roles y los estereotipos es dar en el blanco porque, como todos, hacen lo que pueden. ¿No se trata de eso?

En fin, dos horas cuarenta es mucho pero bien vale la pena seguirle la carrera a Richard L., que nos da un plus creativo y unos diálogos hermosos. Vean Boyhood, chicos.

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3 pensamientos en “Momentos de una vida

  1. hace tres meses leí una reseña de esta peli en la Rolling Stone y desde entonces la estoy esperando. Me dio mucha alegría saber que se estrenaba. Vi las de la trilogía y me encantaron. Así que eso, sumado a el desafío que implica esta peli me generó mucha expectativa.
    No voy a decir que se me caen las babas con Ethan, porque no queda bien….
    Ahora veremos en qué momento podemos escaparnos al cine
    besos!

  2. La ví el sábado y no puedo más que coincidir en todo, todo lo que reseñaste. Si bien es cierto que Linklater cuenta las simples cosas del crecimiento y de la vida desde la perspectiva de la infancia y la familia yanqui, eso no logró sacarme la alta identificación que sentí durante toda la película con el personaje de la genial y enorme Patricia Arquette. Sí, llegar a los 40 es un poco eso: darte cuenta que por mucho que nos quede, una ya hizo casi todo lo que se espera en una vida. Y duele, por eso lloré ahí exactamente en esa escena.
    Hay que verla.

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